El Gran Roque
Ubicada al norte, es la isla más grande del archipiélago, donde reside la mayor parte de la población y donde están asentadas todas las posadas, el aeropuerto, la escuela y diversos restaurantes. Asimismo, es el lugar de donde salen las embarcaciones a los distintos cayos del archipiélago.
Las calles del Gran Roque están decoradas de forma muy sencilla, con botes o con conchas marinas. Por su parte, las casas y diferentes posadas establecidas en la zona se caracterizan por ser pintorescas, imprimiéndole a la isla un ambiente de alegría y relax propio de las pequeñas poblaciones pesqueras.
Durante su estadía, la mayor parte de los visitantes dedica la mañana y parte de la tarde a recorrer los cayos. Sin embargo, otra de las aventuras más repetidas al viajar al Gran Roque es la caminata para subir al faro que domina toda la isla, la cual se puede hacer en menos de 30 minutos. Por lo general los turistas prefieren subir entre las 5:30 y la 6:00 de la tarde para llegar arriba a la caída del sol y disfrutar de los juegos de luces y colores que se producen en el ocaso del día.
En el ascenso al faro del Gran Roque se puede apreciar la masa rocosa que forma la isla, la única que aflora en todo el archipiélago; así como también la vegetación seca, en la que destacan los cactus, y las aves que anidan en este acantilado. Al llegar al faro se pueden ver los cayos más próximos en el horizonte. Hacia el norte se observa el mar con olas y al sur la población del Gran Roque, pero en días de buena visibilidad es posible distinguir el Cerro El Ávila al sur, y La Orchila al sureste.
En el Gran Roque se puede pasear por el pueblo, ir al centro de comunicaciones a conectarse por Internet o tomar un masaje relajante. La noche también tiene sus encantos. Las puestas del sol en Los Roques tienden a ser espectaculares y los visitantes pueden relajarse y tomarse una bebida en la comodidad de un puff en la playa.









